lunes, 19 de noviembre de 2007



"..refulgía la cara con un discreto brillo monocromo, salvo en las mejillas que adquiría un sonrojo natural de igual impresión que la de rosa temprana, siempre fresca y candorosa.

Le parecía la piel, como de seda tunecina, suave y frágil, casi transparente; insinuando dejarse ver el interior.

Su rostro era un óvalo perfecto y en él, la sonrisa, perenne y leve, dibujaba la línea exacta e infranqueable del amor más profundo e intenso; el límite concreto entre el suspiro y el beso, la cuna fragante donde reside la ternura.

Los ojos se vislumbraban misteriosos tras un finísimo bordado de pestañas tejido en hebras de azabache y que se encendieron como los faroles del atardecer, cuando se posaron sobre los suyos.

Enmarcando tanta dignidad, se le formaban sobre tan preciosas alhajas, hermosa fuente de luz y talismán de los poetas, dos arcos bipétalos, sutiles como una caricia maternal. Leves surcos color tizón que, a modo de cejas, parecían las sombras del alba.

Sobre su límpida frente, sin pliegue alguno, se arremolinaban ciertos bucles de su melena que pendían airosos y juguetones como los querubines que guardan las puertas del cielo: eran de color moreno, casi negro y acaracolados; era como una mata de poleo nuevo en noche de luna llena, densa y perfumada de esencias marismeñas.

Sus ondas le caían en cascada por los hombros, brincando una y otra vez a ritmo de sus pisadas. Ese juego de luces y vaivenes que desprendía el movimiento de los cabellos le dejó absorto y no pudo eludir, en modo alguno, quedar prendido para todo el resto de su vida de tan magnífica belleza."




(del libro La Leyenda del Lirio Blanco, cuando el protagonista de la narración, camino de El Rocío, por Bodegones, a la altura de El Trebujil, tiene un encuentro con una enigmática dama que, desde entonces, marcará el nuevo rumbo de su destino.)

La Leyenda del Lirio Blanco
Manuel Silván Rodriguez
Marzo,2005

Tags: El Rocío

Publicado por elderbi1954 @ 21:21
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