La nueva Junta de Gobierno de la Real e Ilustre Hermandad de Nuestra Señora del Rocío de Huelva necesitaba la reafirmación pública de su doctrina y un recuento exhaustivo de sus cortesanos. Para ello nada mejor que una Asamblea Extraordinaria que no hacía falta convocar y debatir un proyecto aprobado de antemano.
Vaya por delante mi más sincera enhorabuena por tan excelente campaña que les llevó a obtener una amplía mayoría de votos en las pasadas elecciones y su posterior reválida en la cancha, es decir, en la Hermandad.
Es digno de ver el celo y el encomio con que se baten sus adláteres cuando acecha el peligro de contradicción. Admiro tal devoción porque resulta ser una señal inequívoca del convencimiento subyacente y de la eficacia de sus mensajes. Otra cosa será ver cuanto dura ésta vocación, sobre todo para no ver dañada tan límpida imagen proyectada y tantas expectativas al descubierto. Todo sea por el bien de la Hermandad.
No sería fiel a mis principios si callase tantas irregularidades detectadas a lo largo de toda la campaña electoral, durante las votaciones y posteriormente. Debo decir que las hubo y muy severas, otra cosa es que tales apaños, manejes y tejemanejes influyeran de manera decisiva en los resultados de las urnas ya que fue inapelable. Por tanto, rindamos honor al vencedor y respeto al vencido.
La relación de tantos desafueros no me apetece publicarla porque son cosas feas de familia que más vale dejarlas en casa y aunque tal indiscreción pudiera excusarse como derecho de pataleo, no tengo ningún interés en socavar la trastienda, con lo bonito que está el patio.
Sí es cierto y esto es una observación que dirijo a la Junta de Gobierno, recogiendo su clarísimo mensaje de campaña “Queremos oírte” que se prodigan en demasía ésta vulneraciones del orden normativo y simultáneamente, casi por casualidad, resultan favorecidos los intereses directivos. No sé porqué para unas cosas saltarse los estatutos no tiene importancia y para otras resulta incuestionable su aplicación.
Es lógico que cuando se ostenta el poder y se debe hacer un ejercicio democrático, se tomen todas las medidas oportunas para no hacer el imbécil y cogerse los dedos o mismamente perder una votación. No quiero ni decir lo importante que es tomar medidas ante la celebración de una asamblea, órgano fundamental y pilar básico de la democracia. Es primordial cumplir a rajatabla los reglamentos para no vulnerar la legitimidad que otorga la voz de todos - hermanos, en éste caso- y digo todos...
Excelente, reconozco, la presentación del proyecto para la reforma de la capilla y construcción de un retablo para el Simpecado. Convincente, elegante y esperanzador. Quedó bien claro que la Junta podría no haber convocado tal Asamblea Extraordinaria porque no llegaban a 50.000 Euros los presupuestos de la obra como dicen los estatutos y ¡atención!, digo presupuesto para reseñar que si se sobrepasase éste precio se estaría incumpliendo el reglamento y nos encontraríamos con un hecho consumado al que habría que hacer frente, jurídica y económicamente. También quedó bien claro que ésta convocatoria se determinó para dar a conocer el proyecto con más detalle y obtener como fuese su ratificación asamblea ria, para evitar posibles problemas.
Quizás fuera casualidad o no sé que pasaría pero faltó mucha gente interesada en el tema que quizás tuvieran algo que decir y les pudo ocurrir lo mismo que a mí, que no recibieron citación alguna, salvo la colgada en la página Web de la Hermandad y punto, cuando otras veces si se remitieron mensajes a móviles, cartas, visitas, prensa, etc.- hay muchas personas con carencias-. Considero que por la importancia del acto se debería haber puesto más celo en cumplir el reglamento, a menos que conviniera cierto compadreo familiar. Total, el asunto ya estaba decidido, ¿para qué llamar a más gente que la necesaria?
En una asamblea de éstas características, es imposible manifestarse con libertad y honradez porque la presión ejercida por el gremio consorte, en clara, magna y contundente mayoría no permite, con sus abucheos, postillas, descalificaciones y sonoras manifestaciones continuas de apoyo que nadie alce la voz si quiere salir indemne del salón. Apabullante y lógico, por otras causas, pero no legítimo ni aceptable como ejercicio democrático.
Yo tenía algo que decir, mucho que decir, principalmente sobre la exposición técnica del proyecto y no para rechazarlo, porque casi estoy convencido de su conveniencia y por respeto a la mayoría de hermanos que desean verlo hecho una realidad, pero detecté muchas imprecisiones y referencias -lograron enardecer a los asistentes- que no se correspondían con la realidad o cuando menos fue sabiamente manipulada con objeto de logar el efecto deseado y lo digo desde mi condición de artista experto con el aval de un denso curriculum y la correspondiente certificación académica, como es de general conocimiento.
Callé y no me dio la gana de colaborar con tanta patraña y aunque no tenga porqué justificar mi mano alzada en contra del proyecto, lo haré al igual que hizo la Junta de Gobierno convocando una Asamblea innecesaria -me quedo con los piropos que nos dedicó el respetable, sólo por eso- sobre todo para sentirme digno y fiel a unos principios férreamente cimentados, por mi sólida cultura democrática y para significar que las ideas no son armas de guerra sino caminos de paz, que sólo los necios ven a los sabios como enemigos.
A pesar de conocer de antemano la cantidad, casi unánime, de votos a favor no quise doblegarme a la encerrona celebrada. Todo transcurrió legalmente a pesar los fallos en la convocatoria, de haberse debatidos varios puntos que no constaban en el orden del día, aprobar un acta anterior, la forma de votación elegida -ahora sí convenía acogerse a una tradición para vulnerar la norma- y la falta de autoridad en una mesa presidencial más preocupada de recibir aplausos que de actuar como tal.
Todo estaba atado y bien atado. Declaro que acudí a Asamblea sabiendo ésta circunstancia y a pesar de todo quería oír y que me oyeran, pero eso no pudo ser hasta que en las catacumbas del ostracismo, cuando una vez finalizada la Asamblea degustaba una sabrosa cerveza, alguien de la Junta de Gobierno pasó por mi lado y le tendí mi mano para desearles suerte en la ejecución del proyecto a pesar de que tengo mis reservas sobre el mismo.
Advertí que aquello estaba plagado de gente que no había visto en mi vida, ni siquiera sabía si eran hermanos de la Hermandad y les brillaban los ojos emocionados por la victoria -una vez más- sobre tan despreciables enemigos -¿enemigos?- y se juramentaban para remar todos en el mismo sentido - como debe ser- pero también pensaba que ¿dónde estaría esta gente cuando hacían falta con anterioridad?...y también lo pensaba de muchos hermanos asistentes que llevaban años sin ni siquiera aparecer por casa .
Estos son los fariseos que han vuelto al redil, ahora que se las prometen muy venturosas y corren aguas propicias para racanear algunas prebendas.
Espero que la nueva Junta sepa estar a la altura de las circunstancias porque, tras el baño de multitudes recibido tienen todo el poder que otorgan los votos y podrán hacer lo que quieran, prácticamente sin oposición alguna, pero les recomiendo que si quieren oír, primero deben escuchar, después respetar y mandar respetar, aunque esto último creo que no lo conseguirán jamás.
Ahora toca ponerse a trabajar y colaborar en la medida de lo posible con las directrices de la nueva Junta de Gobierno dejando atrás las posturas intransigentes, el despecho y las venganzas, valorar los potenciales humanos, recabar esfuerzos, consensuar las ideas propias y ajenas con humildad en aras de conseguir lo más conveniente para la Hermandad, abrir los corazones y emocionarnos juntos con el curso de la vida que nos propone nuestra Santísima Madre del Rocío.
Manuel Silván Rodriguez